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Enseñanzas de amor :: Mensajes de amor |
Una alternativa
amorosa
Por Walter Javier Velásquez
01
de octubre de 2007
Nada puede comparar la alegría que sentí cuando vi la sonrisa y el asombro
de los niños que por primera vez tomaban entre sus manos una guitarra o hundían
tímidamente las teclas de un piano tratando de sacar alguna nota. Si, el fin de
semana anterior empezamos las clases de música y arte con los niños de la
fundación Caridad. Un grupo de amigas y amigos se ofrecieron a enseñarles que
la vida es mucho más que las limitaciones que han experimentado
en sus cortos años.

Entre las cosas que se les están enseñando está el bordado en punto de
cruz y el macramé. Este arte les permite olvidarse de sus problemas por un
momento y enfocar su tiempo libre en actividades productivas que les permitirán
sublimar su mente y además aprender algo, que en un futuro, puede representar
algún beneficio económico. El arte es una de las formas más sublimes mediante
la cual se puede elevar la conciencia de una mente infantil, nacida y crecida
en un ambiente hostil y degradante.
La vereda donde se dictan estos cursos ha tenido un pasado violento y
oscuro. El cartel del norte del Valle había convertido este lugar en una
verdadera escuela de sicarios. Para muchos niños, los narcotraficantes se han
vuelto modelos a imitar. Las niñas por su lado, toman parte directa en el juego
vendiendo su cuerpo y su amor a individuos que solo están interesados en
satisfacer sus instintos más bajos.
Santa Rita, la vereda donde estamos trabajando, en el pasado ofrecía una
mejor calidad de vida. El valle estaba sembrado con toda clase de cultivos
saludables que proporcionaban empleo a las personas. De pronto, la tierra empezó
a poblarse de caña de azúcar, un cultivo que trajo el desempleo y la pobreza a
la región. Al mismo tiempo la corrupción política negó alguna posibilidad de mejoramiento
y la mafia por su parte asumió el papel de “tabla de salvación”. Sin embargo lo
que vino fue la muerte. Masacres de familias completas y homicidios selectivos
sacudieron a Santa Rita en el pasado, hoy solo queda la sombra de la muerte
reflejada en los rostros de los niños que además de sufrir el hambre, no tenían
ninguna alternativa saludable los fines de semana.
La buena música es un maestro invaluable para encumbrar la conciencia de
las personas. Les permite elevarse por encima de las imágenes de padres
asesinados y madres angustiadas. Las niñas y los niños están realmente emocionados
con los instrumentos que se han comprado –que aunque no son suficientes- les
permiten mejorar su aprendizaje.
Los sábados un amigo viaja desde Tulua (una
ciudad ubicada a 52 kmts) trayendo al hombro su
guitarra y una buena dosis de amor y Caridad para compartir con los infantes. Dos
jóvenes talentosos han puesto a disposición sus conocimientos y sus pianos para
enseñarles las melodías celestiales. Un niño prodigio de la música les enseña a
tocar la flauta y a reconocer la verdadera música que ennoblece el espíritu
humano.
Decidimos desde el principio enseñar únicamente aquella música que ha
sido diseñada para elevar la conciencia. Descartamos los ritmos sincopados que
tienen mensajes denigrantes para los niños. La música clásica y los ritmos
andinos de Suramérica serán las banderas que guiaran a nuestros niños en esta
escuela de la cultura. Entre nota y puntada se les habla de principios de vida,
de valores, de amor incondicional. Esto permite elevar de una manera armoniosa sus
almas y purificar sus mentes de la programación nociva que ha dejado una
sociedad indolente y egoísta.
Estamos dando un paso a la vez. Algunas familias muy necesitadas están
recibiendo un auxilio que consta de víveres alimenticios. Recolectamos ropa
usada (en buen estado) para dársela a aquellos que no pueden comprar su vestido
y elevamos sus conciencia con arte y buena música. Todavía falta mucho por
hacer, nuestros recursos aún son limitados pero nuestros corazones están henchidos
de amor. Esperamos que Dios pueda tocar el corazón de más personas para que
despierte ese don bendito que vive en todos: