Una casa mejor para los hermanitos Ríos Medina
Nota: Esta carta fue elaborada por uno de los miembros de la Fundación Caridad a fin de solicitar la ayuda de aquellos corazones bondadosos que estén dispuestos a hacer una donación para la reconstrucción de la casa de los hermanitos Ríos Medina.
Desde que empecé el trabajo con la fundación Caridad hace ya siete meses, hay
un grupo de niños con los que he trabajado muy de cerca, y que han sido para mi
una fuente constante de inspiración, reflexión y muchos sentimientos
encontrados. Ellos son los 5 hermanitos Ríos Medina: Jessica (12 años), Jhon
(10 años), el monito (6 años), Valentina (7 años) y Merly (2 años). Su historia
arrancó marcada por la pobreza, la violencia, la desesperanza y la necesidad,
que es un común denominador de tantas familias colombianas marginadas. Hace
algo más de un año su padre fue desaparecido, y no se volvió a saber nada de
él, aunque muchos comentan que fue una víctima más de esta guerra sin fin que
aqueja al país. A sus niños no les dejó una herencia diferente a un inmenso
vacío, el cual a veces es llenado con vanas esperanzas infantiles de que algún
día va a volver, porque la verdad es que en el fondo los niños se resisten a
creer que su Papá hoy no vive. Después de este evento, doña Yolanda, la mamá de
los niños, se vio enfrentada a una situación de incertidumbre, que pronto se
tradujo en grandes necesidades, y en intentos desesperados para mantener a
flote su hogar y su familia.

Roldanillo, y más específicamente el corregimiento de Santa Rita, que es el
lugar donde enfocamos el trabajo de la Fundación, es un lugar de grandes
contrastes. Por un lado es un sitio donde la naturaleza despliega toda su
abundancia, a través de lindas y fértiles tierras que antes estaban llenas de
frutales pero que hoy muestran un paisaje monótono donde sobreabunda el
monocultivo de la caña. Así que lo que antes era una región de abundante
trabajo para la ávida mano de obra del campo, hoy no es más que un ejemplo del
efecto que la automatización de la producción genera en comunidades frágiles y
vulnerables. Así que el empleo del campo casi que se ha esfumado, y con él los
ingresos que antes generaban cierto nivel de estabilidad económica entre los
habitantes de la región. Por esta razón hoy en día el trabajo escasea, y por
eso la alternativa del narcotráfico, en el caso de los hombres, y de la
prostitución, en el caso de las niñas, se convierte en una ventana atractiva
para salir de una situación donde la necesidad y la carencia se han vuelto una
constante.
En este ambiente han crecido entonces mis pequeños cinco amigos, que en
realidad son siete, si cuento también a sus hermanas Diana (12 años) y Maira
(15 años). A todos ellos llegamos cuando empezamos con nuestro programa de
seguridad alimentaria, en la cual buscábamos entre los miembros de la comunidad
a las familias más vulnerables al flagelo del hambre. Así que poco a poco
fuimos entrando, y terminamos haciéndonos amigos de todos ellos, y empezamos a
conocer su historia, y a compartir un poco de sus problemas, y a tratar de
traerles también un poquito de alegría a sus vidas. Como una salida le
propusimos a Doña Yolanda que mandará a los más pequeños a las clases de música
que arrancaban en la fundación y ella accedió, porque sabía que para los niños era
una terapia escapar, así fuera momentáneamente de esa enorme monotonía que
traía en sí la pobreza y la limitación.

La primera vez llegaron Jessica y
Valentina, y puedo decir francamente que nunca olvidaré la lección de amor que
me dieron. La grande se esmeraba a cada instante en cuidar y proteger a la
pequeña, y en compartir con ella algunas pocas galleticas con jugo que les
dábamos de refrigerio. Yo las observaba y veía como, a pesar del hambre que
sabía que pasaban, Jessica escogía poner primero la necesidad de su hermanita y
darle de su comida antes que comer ella. Eso me impacto hasta el límite, porque
he aprendido a convivir con esa actitud humana egoísta que privilegia el yo por
encima de todo, y ver ese patrón de comportamiento derrotado por la pureza del
sentimiento de un niño fue en verdad motivo de enorme regocijo. Así que desde
ese momento Jessica se convirtió en un ser especial en mi mundo, un ser que
habría de enseñarme muchas lecciones.

Valentina por su parte me impactó por esa mirada que denotaba enorme tristeza.
Era una mirada que resumía todos los golpes y angustias que había visto en su
corta vida. Aunque puedo decir con alegría que los fines de semana que ha
pasado en la fundación le han cambiado un poco el semblante y ya sonríe, hace chistes
y además le gana carreras a grandes y pequeños, porque al parecer no hay nadie
tan veloz como ella en toda la fundación. Merly, la más pequeña apenas está
aprendiendo a hablar, pero también ríe poco, y a veces cuando nos ve a los de
la fundación nos extiende sus bracitos pidiéndonos que la abracemos.

Jhon y el monito son los dos hombres del grupo. A ellos parece que el impacto
de perder a su Papá les dejó una cicatriz muy honda en su interior. El monito
expresa su dolor a través de un mutismo que a veces preocupa, mientras que Jhon
tapa con su enorme agresividad esa pena que lleva en lo profundo del alma. A
veces estos dos niños llevan al límite mi paciencia, y en especial Jhon cuando
vuelca su agresividad hacia nosotros o hacia los otros niños que van a la
fundación. Sin embargo, cuando trabajo con ellos procuro poner en práctica el
viejo proverbio chino que dice: “ámame cuando menos lo merezco, porque es
cuando más lo necesito”.
Y hoy es también el día que estos niños necesitan de nuestro amor. Por la
mañana los visitamos y vimos con preocupación el enorme riesgo que entraña su
casita casi a punto de caerse. El techo está en ruinas y no tiene ninguna viga
de amarre, lo cual quiere decir que un impacto brusco en cualquiera de las
paredes tumbaría la desvalijada casa. Doña Yolanda tiene en sus ahorritos algo
así como 140 dólares y nos pidió consejo hoy porque quiere sacar un préstamo y
arreglar su casita. Cómo ningún banco la considera a ella sujeto de crédito, su
opción es acudir a los prestamistas del pueblo que le cobran algo así como el
25% de interés MENSUAL, lo cual equivale a pagar en intereses tres veces el
capital en un mismo año. Obviamente esta es una opción que le ayudamos a
desestimar completamente, pero la necesidad subyacente existe y sigue allí.

Así que el propósito de esta carta es hacerle un llamado a todos aquellos que
puedan extenderle una mano de ayuda a esta familia. Para muchos de nosotros 100
mil pesos (50 dólares) pueden implicar más o menos un sacrificio, pero para
estas personas una ayuda para reconstruir su casita es que casi que un impulso
de vida. Por eso estamos hoy haciendo una campaña para recaudar un millón
quinientos mil pesos (820 dólares) que necesitamos para comprar los materiales
y pagar la mano de obra que se necesita para la labor. Por lo pronto ya una
persona amiga de la fundación se ha ofrecido a poner su trabajo para dirigir la
construcción, pero aún necesitamos el impulso económico adicional para
completar el trabajo. Estaría usted dispuesto a darnos una colaboración y al
hacerlo mejorar la calidad de vida de estos niños? Si es así su aporte es
bienvenido.
Puede enviar su colaboración consignando en la cuenta de ahorros #
732-4014103-2 del Banco de Colombia, a nombre de la Fundación Caridad, o en
Estados Unidos a través de la cuenta # 005504619808 a nombre de Lina María
Delgado, en Bank of America
De antemano les agradecemos de todo corazón su atención y los invitamos a
conocer algunas imágenes de cómo viven hoy estos niñitos (ver la sección de
fotos en este grupo), esperando que en un pronto futuro podamos mandarles las
fotos de cómo les quedó su casita ya arreglada.
Cordialmente,
Hugo Delgado
Fundación Caridad
Secretario
NIT: 900.202.997-1
www.fundacioncaridad.org