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La más grande riqueza 

Por Walter Javier Velásquez                                                                                                         
10 de septiembre de 2007
 

Yo no podría definir la riqueza en términos de la posesión de bienes materiales. La verdadera riqueza es la capacidad de Dar, incluso de aquello que nos hace falta. Tengo amigos muy pobres y amigos muy ricos. Algunos de mis amigos pobres tienen mucho dinero, gozan de ciertas comodidades materiales, pero son tan pobres que lo único que tienen es eso. Cuando les hablo de CARIDAD y de nuestro proyecto de ayudar a la gente, fingen que no han escuchado nada o miran con indiferencia lo que estamos haciendo.

Por otro lado mis amigos ricos son muy diferentes. Algunas de estas personas muy ricas viven en condiciones donde carecen de la comida y el dinero para cubrir sus necesidades básicas, sin embargo su riqueza es inigualable. Ellos tienen la capacidad de Dar. Una de esas personas ricas vive en una choza y carece de muchas cosas elementales para vivir. Tuve la suerte de conocerla por medio de la fundación CARIDAD. Hace poco la visité para llevarle comida suficiente para alimentar a sus hijos durante dos o tres semanas. Su familia suele pasar episodios de hambre continuos.

Pero ella es muy rica, hace poco un vecino suyo atravesó por una situación muy dura donde su casa se incendió y perdió su empleo. Sus hijos quedaron sin alguien que les pudiera brindar alimento. Se refugiaron donde la suegra del tipo, pero esta tampoco tiene la capacidad de cubrir las necesidades de toda la familia. Mi amiga rica tomó una buena parte del mercado que la fundación CARIDAD le había dado y se lo llevó a su vecino, sabiendo que al hacerlo podría poner en riesgo el hecho de que su familia tuviera una alimentación balanceada ese mes. Sus hijas estuvieron de acuerdo con ella y compartieron sus víveres. A eso es a lo que yo llamo riqueza.

También debo acotar que hay algunos –muy, muy pocos- amigos míos que tienen doble riqueza. Tienen la Abundancia espiritual y la abundancia material. Este es un hecho realmente extraño, sin embargo sucede. Hay algunos cuyo corazón está dispuesto a Dar para el beneficio de otros. Son personas que carecen del tiempo para compartir con los necesitados, sin embargo su amor es tan grande que comisionan a aquellos que si tenemos el tiempo para Dar amor por ellos. Es gracias a que Dios ha tocado el alma de estas personas que CARIDAD puede funcionar y llevar un poco de cariño y esperanza a los corazones que sufren.

Así que cuando mis amigos pobres llegan en sus carros lujosos o me escriben e-mails desde la comodidad de sus hogares y me hablan de todos los libros que han leído y las cosas que han hecho, no puedo hacer otra cosa que sentir compasión por ellos. Son muy pobres en verdad, mi deber es inundarlos con amor incondicional y pedirle a Dios que tenga misericordia de ellos y les de también la riqueza de aprender a Dar. No que den aquello que les sobra –lo cual es una actitud típica de esta gente pobre- sino que aprendan a Dar de lo que en verdad necesitan.

Yo se que debería ser ecuánime en mi vida. Pero a veces no puedo evitar sentirme mejor con aquellos que son mis amigos ricos. Cuando los visito me siento en una cama –ellos no necesitan sillones- y hablamos de manera muy espontanea. Ellos no tratan de impresionar a nadie, les encanta ser como son. Me siento realmente cómodo con ellos. Por otro lado, mis amigos pobres me llevan en autos lujosos y me invitan a restaurantes muy caros pero no puedo evitar sentirme incomodo. En ellos no encuentro el calor de hogar, la sinceridad y el Amor de mis amigos ricos quienes viven en los arrabales.

He descubierto que es mucho más deliciosa una “aguapanela” (1) cargada de honestidad que algún plato internacional dado sin amor. Mis amigos pobres salen de esos restaurantes y ven a los necesitados en la calle y no les importa. A veces –tal vez por aparentar que son ricos- les dan alguna moneda sin valor. Si les dieran un poco de atención, si les dieran un poco de amor y cariño, estarían compartiendo la verdadera riqueza; la riqueza del corazón.

Los Maestros nos han enseñado a no tener expectativas, pero a veces no puedo evitar caer en la desilusión al ver tanta pobreza en el corazón de la gente. Cuando fundamos CARIDAD, en realidad creí que las personas “espirituales” que conocía se iban a poner muy contentas y nos iban a colaborar, pero su frialdad heló mi alma y mi corazón. Cada vez me distancio más de aquellos que dicen ser “espirituales” y me acerco más a aquellos que viven sin ninguna clase de pretensiones, aquellos que son felices porque son honestos y viven sus vidas siendo quienes son.

También es mi deber permanecer cerca de los corazones que no saben Dar. Mi papel es inspirarlos a explorar esa gran llama del Amor que vive en su interior. Yo no debería decepcionarme, no debería juzgar y no debería tener expectativas. Eso es verdad y eso es lo que los Maestros me han enseñado. Pero hay algo que no puedo negar, todavía soy humano, así que si fingiera ante ustedes que no tengo expectativas cometería un doble error: además de poseerlas seria un hipócrita.

Pido a Dios que me otorgue la paciencia para entender y la constancia para vencer. Yo no pido fama ni éxito ni nada de eso. Lo único que imploro es tener siempre la humildad y la obediencia para no desviarme de mi camino. Eso es algo que aprendí de mi Madre Teresa y espero conservar la fuerza para mantenerme hasta el final. Mientras tanto seguiré viviendo feliz en medio de mis amigos ricos, siendo honesto con ellos así como ellos lo son conmigo y compartiendo su gran riqueza.

Solemos tener unos banquetes maravillosos de vez en cuando. Ellos preparan algo de arroz y yo compró presas de pollo apanadas. En mi pueblo venden unas presas de $1.000, (2) y esa es una de las cosas más “elegantes” que puede comer mucha gente. En esos banquetes la mesa no existe, todos comemos sentados en las camas, riéndonos y siendo muy felices porque podemos ser nosotros mismos. Esos son los momentos más memorables de toda mi vida.

En cuanto a mis amigos pobres, seguirán siendo mis amigos porque igual son hijos de Dios. Accederé a subirme en sus carros lujosos solamente para compartirles mi amor y mi experiencia. Les invitaré a conocer la verdadera riqueza porque quiero que sean tan felices como yo. Soportaré las incomodidades de su pobreza solamente para tener la oportunidad de estar cerca de ellos y poder darles la clave para que sean tan ricos como mi amiga que, pasando hambre, compartió lo único que tenia solo para ser feliz. 

Notas:

  1. Aguapanela: bebida típica de Colombia que se hace a partir de la caña de azúcar. Esta bebida es muy popular entre las familias de bajos recursos económicos por su bajo costo.
  2. $1.000 pesos colombianos equivalen aproximadamente a cincuenta(50) centavos de dolar.